"El canto blanco transforma, mata o concede dones, se vuelve conjuro y en su despliegue desencadena una fuerte carga referencial que sitúa a la obra entre la profecía y el hechizo. Esa condición profética y vidente se abalanza en el abismo para toparse con lo humano y con su carácter de finitud, mientras se impone como el motor de una ficción redentora donde el erotismo se vincula de modo inseparable con lo sagrado y lo profano, en un deseo infinito de unirse a lo totalmente Otro." Martín Palacio Gamboa